Cuando duermo con una idea, al día siguiente es una nueva idea. Esta nueva idea, nueva forma, puede ser menos fascinante de lo que esperaba o, en el mejor de los casos, darme una sorpresa.
Las sorpresas son pequeños momentos de claridad en los que la mente piensa dos veces. El primer pensamiento es pasivo y contemplativo: se queda dentro de la cabeza. El segundo pensamiento es activo y lúdico, es palabra hablada y acción. Entonces la sorpresa se puede admirar, tocar del mismo modo que se toca una piedra al ser levantada. Puede que de repente, y después de una larga siesta, incluso te enamores de una idea.

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romina malta
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